Novedades en dermatología
Paula Aguilera Peiró
doi:10.5538/1887-5181.2025.51.35
El vitíligo es una dermatosis adquirida crónica caracterizada por máculas acrómicas debidas a la destrucción selectiva de melanocitos. Afecta, aproximadamente, al 0,5-2 % de la población mundial sin distinción de sexo ni raza, y su impacto no se limita al plano dermatológico1. Cada vez más, se reconoce el peso psicológico que este trastorno supone para los pacientes, así como la importancia de los abordajes terapéuticos innovadores. Se clasifica, principalmente, en vitíligo segmentario (VS) y no segmentario (VNS), siendo este último el más común2. Su etiopatogenia es multifactorial, incluyendo factores genéticos, autoinmunitarios, neurogénicos y oxidativos implicados3. Aunque no existe una cura definitiva, diversos tratamientos pueden inducir repigmentación parcial o completa.
Son la primera línea para lesiones localizadas. Se utilizan corticosteroides de media a alta potencia, como el propionato de clobetasol o el furoato de mometasona, que inducen repigmentación al suprimir la inflamación autoinmunitaria4. Se recomienda su uso durante ciclos limitados (hasta tres meses) para evitar efectos adversos como atrofia cutánea, telangiectasias o estrías.
El tacrolimus y el pimecrolimus son útiles especialmente en zonas sensibles como la cara y en niños. Tienen menor riesgo de efectos secundarios dérmicos y muestran una eficacia comparable a los corticosteroides en lesiones localizadas5. Pueden usarse a largo plazo.
El calcipotriol ha demostrado efectos limitados en monoterapia, pero su combinación con corticosteroides tópicos mejora la repigmentación y reduce la toxicidad corticoidea6.
La fototerapia con UVB-BE (311-313 nm) se considera el tratamiento más eficaz para el vitíligo extenso o generalizado. Se administra, por lo general, dos veces a la semana, durante un mínimo de 3-6 meses7. La repigmentación se observa más frecuentemente en la cara y el tronco, mientras que las áreas acras responden peor. Es segura en niños y embarazadas.
Consiste en la administración de psoraleno (oral o tópico) seguido de exposición a rayos ultravioleta A (UVA). Aunque históricamente se utilizó ampliamente, ha caído en desuso por su perfil de seguridad menos favorable en comparación con la fototerapia con UVB-BE8.
El láser de excímero (308 nm) permite tratar lesiones focales con alta precisión, y es útil en áreas resistentes o como complemento a otras terapias. Requiere múltiples sesiones9.
Se usan en formas progresivas para frenar la extensión del vitíligo. La prednisona se administra, por lo general, en dosis bajas intermitentes (p. ej., 0,3-0,6 mg/kg una vez a la semana), con resultados positivos en la estabilización de la enfermedad10.
Fármacos como el metotrexato o la azatioprina han sido evaluados en casos refractarios, con resultados variables y limitada evidencia11. Su uso debe individualizarse y monitorizarse estrechamente.
Indicados solo en pacientes con vitíligo estable durante, al menos, 6-12 meses y refractario al tratamiento médico.
Los injertos por succión o por escisión permiten trasplantar piel pigmentada a zonas despigmentadas. Son efectivos, pero requieren una técnica especializada y cuidados posoperatorios12.
Se obtiene una pequeña muestra de piel, se aíslan melanocitos y queratinocitos, y se aplica la suspensión sobre áreas despigmentadas previamente tratadas con dermoabrasión o láser. Los estudios han comunicado tasas de repigmentación superiores al 70 % en zonas faciales13.
La vía JAK-STAT (del inglés, Janus kinases-signal transducer and activator of transcription proteins) está implicada en la señalización de citocinas proinflamatorias en el vitíligo. Inhibidores como el ruxolitinib (tópico) y el tofacitinib (oral) han mostrado eficacia en la repigmentación, especialmente, en combinación con UVB-BE14. El ruxolitinib en crema fue aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos en 2022 y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) en 2023 para el VNS en adultos y adolescentes desde los 12 años de edad, convirtiéndose en el primer fármaco aprobado para tratar el vitíligo. Está indicado para tratar un máximo de un 10 % de la superficie corporal, con una posología de dos aplicaciones al día separadas, al menos, 8 horas entre sí.
Como ventajas, destacan su acción selectiva y dirigida, y su buena respuesta a nivel facial. Como inconvenientes, estarían su coste elevado y la necesidad de estudios a largo plazo.
Se ha observado un papel del estrés oxidativo en la destrucción de melanocitos. Antioxidantes como la vitamina E, el ácido ascórbico, el ácido fólico y el ginkgo (Ginkgo biloba) han sido estudiados como coadyuvantes. Aunque su eficacia individual es limitada, pueden potenciar los efectos de la fototerapia15.
Están en estudio terapias dirigidas contra citocinas específicas (como la interleucina 15 o el factor de necrosis tumoral alfa) y linfocitos T residentes. Aunque prometedoras, estas opciones aún no están disponibles clínicamente16.
La selección terapéutica debe basarse en múltiples factores, principalmente, en la extensión de la enfermedad, su estabilidad y la edad del paciente (tabla 1).

El impacto emocional del vitíligo puede ser considerable, especialmente, en adolescentes y personas con lesiones visibles. Trastornos como la ansiedad y la depresión y la baja autoestima son frecuentes en estos pacientes17. Las terapias de apoyo psicológico, el camuflaje cosmético (maquillaje corrector, micropigmentación) y la educación del paciente son elementos claves del tratamiento integral.
Aunque el vitíligo no tiene una cura definitiva, la combinación de tratamientos tópicos, fototerapia y nuevas terapias como los iJAK ha mejorado considerablemente el pronóstico de los pacientes. La elección del tratamiento debe individualizarse y considerar la estabilidad, extensión y localización de las lesiones, así como el impacto emocional. Se requiere un enfoque multidisciplinario para maximizar los resultados terapéuticos y mejorar la calidad de vida del paciente.