Editorial
Francisco Javier del Boz González
10.5538/1887-5181.2026.53.2
Actualmente, se está produciendo un uso extensivo de los agonistas de los receptores del glucagón de tipo 1 (aGLP-1; del inglés, agonists of glucagon-like peptide-1). Realmente, estos medicamentos actúan sobre los receptores de la hormona GLP-1 (péptido similar al glucagón de tipo 1), no sobre los receptores del glucagón en sí mismos. Estos fármacos, como la tirzepatida o la semaglutida, están aprobados para tratar la diabetes de tipo 2, pero han supuesto una auténtica revolución terapéutica, ya que han sido aprobados también para la obesidad, y tienen beneficios a nivel metabólico y cardiovascular1. Sus efectos principales incluyen una mayor producción de insulina, ayudando a controlar los niveles de glucosa en sangre, pero también un retraso en el vaciado gástrico y la reducción del apetito, promoviendo la sensación de saciedad. Pero los receptores de GLP-1 están distribuidos por todo el organismo, y los aGLP-1 han mostrado efecto beneficioso en enfermedades neurológicas, degenerativas y vasculares2; podrían ser útiles en el tratamiento de determinados trastornos inflamatorios y metabólicos e, incluso, en el control de adicciones.
Los más conocidos y usados son la semaglutida (Ozempych, Wegoby®, Ryvelsus) y tirzepatida (Mounjaro), aunque hay otros como la exenatida, la liraglutida, la lixisenatida, la albiglutida o la dulaglutida.
Es fundamental que los dermatólogos nos familiaricemos con estos fármacos, cuyo papel es prometedor en determinados trastornos cutáneos, y cuyo uso está extendiéndose rápidamente entre la población general.
Pacientes con enfermedades inflamatorias cutáneas, como la psoriasis2 o la hidradenitis supurativa (HS)3, presentan, además, una inflamación a nivel sistémico y, probablemente, la principal comorbilidad asociada en estos trastornos es la obesidad. Se ha relacionado un mayor índice de masa corporal (IMC) con una peor respuesta terapéutica en estos pacientes, por lo que perder peso podria ser beneficioso para ellos2,3.
En las dermatosis inflamatorias es, además, importante el papel de los aGLP por su efecto como inmunomoduladores, activando vías de señalización intracelular, reduciendo citocinas proinflamatorias (como el factor de necrosis tumoral alfa [TNF-α; del inglés, tumor necrosis factor-alpha], el factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras kappa de los linfocitos B activados [NF-κB; del inglés, nuclear factor kappa-light-chain-enhancer of activated B cells], y las interleucinas IL-23, IL-17 e IL-22) y modulando la actividad de linfocitos T y macrófagos2-4.
En pacientes con psoriasis que toman aGLP-1, la mayoría de estudios han mostrado una mejoría de la psoriasis, aunque dos ensayos clínicos aleatorizados obtuvieron resultados dispares2. Por otro lado, la mayoría de estudios han demostrado que estos fármacos reducen la tensión arterial, la incidencia de ictus y la mortalidad por infarto de miocardio en estos pacientes, sugíriéndose que los aGLP son especialmente prometedores para tratar a pacientes con psoriasis que, además, presenten obesidad o diabetes, ofreciendo tanto beneficios cardioprotectores como potencial mejoría de la propia psoriasis2.
En la HS, una revisión sistemática indicó que los aGLP-1 —específicamente, la semaglutida y la liraglutida— conducían a una significativa reducción de peso y de inflamación sistémica, con mejoría en la gravedad y calidad de vida de estos pacientes, demostrando su considerable potencial como tratamiento adyuvante en la HS, mejorando tanto aspectos inflamatorios como metabólicos de esta3.
Otras dermatosis en que se ha observado la potencial utilidad de los aGLP-1 son la acantosis nigricans y enfermedad de Hailey-Hailey4, enfermedades que se benefician de la pérdida de peso. Además, actualmente, se está estudiando si podrian tener cierto efecto anti-aging1: se sospecha que los aGLP-1 podrian afectar a la producción del colágeno y a la regeneración cutánea, ya que parecen mejorar la cicatrización de heridas gracias a una mayor angiogénesis y actividad de fibroblastos, sobre todo, en pacientes diabéticos con dificultades para la reparación tisular1.
Pero, por otro lado, hay que tener en cuenta los potenciales efectos adversos asociados a los aGLP-1, que no podemos ignorar1,4: estos se producen, sobre todo, a nivel gastrointestinal (por orden de frecuencia: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal...), pero también otros como cefalea, hipoglucemia (con insulina/sulfonilureas), elevación de la frecuencia cardíaca, infecciones de las vías respiratorias altas o de las vias urinarias, etc., pero también se han asociado a potenciales efectos adversos graves, como pancreatitis, fallo renal, colecistitis e, incluso, cáncer de tiroides1,4.
Además, a nivel estético, pueden apreciarse efectos indeseados derivados de la pérdida rápida de peso, como la flacidez de la piel facial (que se conoce comúnmente como Ozempic face)1,4.
Para minimizar estos efectos adversos (especialmente, los digestivos), se recomienda comer porciones pequeñas, uso de loperamida/ondansetrón, iniciar el tratamiento con dosis bajas e ir incrementándolas con el tiempo, saltarse alguna dosis, reducir dosis de mantenimiento...4
De la misma forma, se han descrito efectos adversos a nivel dermatológico1, tales como reacciones de hipersensibilidad —incluidas reacciones locales en el sitio de inyección, prurito, erupción cutánea, urticaria, angioedema, anafilaxia...—, asi como lipodistrofia o, incluso, inducción de penfigoide ampolloso o pioderma gangrenoso. Se ha asociado también al desarrollo (o agravamiento) de acné1, por mecanismos aún no claros.
Igualmente, se está investigando si el uso de los aGLP-1 podría favorecer la xerosis cutánea, o alteraciones en el cabello, las uñas, la cicatrización, la pigmentación1... por un potencial riesgo de déficits nutricionales (proteínas, vitaminas, micronutrientes como hierro o cinc, etc.) asociados a la pérdida rápida de peso.
Como con cualquier otro fármaco, debemos tener en cuenta sus posibles interacciones medicamentosas (con anticonceptivos, antihipertensivos, hipolipemiantes, digoxina...).
Existe actualmente riesgo de sobremedicación en relación con su uso en medicina estética, con potencial riesgo de desabastecimiento por este uso excesivo, muchas veces, no justificado, y con indicaciones no aprobadas en ficha técnica.
En definitiva, aunque aún falta información sobre la efectividad y seguridad a largo plazo de los aGLP-1, su utilidad es prometedora en determinados trastornos dermatológicos, como la psoriasis o la HS, si bien, debemos recordar sus indicaciones aprobadas actualmente, así como sus potenciales efectos adversos asociados.