N.º 54  Abril / Junio 2026


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Queratosis pilar: un enfoque integral desde la patogenia al tratamiento actual

Florencia Vera Morandini

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RESUMEN

La queratosis pilar es un trastorno frecuente de la queratinización folicular asociado a disfunción de la barrera cutánea. Aunque de curso benigno, puede generar un impacto estético y psicosocial significativo, especialmente, en población joven y en pacientes con fototipos elevados. Representa un motivo frecuente de consulta, por lo que es fundamental conocer su fisiopatología y las opciones terapéuticas. El tratamiento se basa en la exfoliación controlada, la renovación celular, la restauración de la barrera cutánea y, en muchos casos, el manejo de la hiperpigmentación posinflamatoria, pero con especial énfasis en la adherencia domiciliaria y en la minimización de la irritación.

INTRODUCCIÓN

La queratosis pilar (QP) es una dermatosis crónica, con una prevalencia que alcanza hasta el 80% en adolescentes y el 40% en adultos, caracterizada por la presencia de pápulas foliculares queratósicas, de distribución simétrica, que predominan en superficies extensoras (brazos y muslos), región glútea, áreas sometidas a fricción y con elevada densidad folicular, habitualmente, acompañadas de xerosis marcada1.

Se puede clasificar en2:

  • QP clásica (la más frecuente), localizada en brazos, muslos, glúteos y, a veces, mejillas. Se presenta con pápulas pequeñas ásperas («piel de rallador» o «piel de gallina») de color blanquecino, con textura rugosa y sin mucha rojez.
  • QP pigmentada: es más frecuente en fototipos altos, con evidencia de acentuación de la pigmentación alrededor del folículo e hiperpigmentación posinflamatoria (HPI). Se localiza con más frecuencia en brazos, muslos y espalda.
  • QP facial clásica: afecta, principalmente, a la cara, con la aparición de pápulas finas en las mejillas, a veces, asociada a eritema, y puede confundirse con rosácea leve.
  • QP atrofiante facial3: es la forma menos frecuente, pero más compleja de tratar. Existe una atrofia progresiva del folículo piloso, con atrofia cutánea, pudiendo dejar cicatriz.

Aunque, tradicionalmente, se ha considerado un trastorno fundamentalmente estético, su impacto negativo se asocia a la percepción corporal física, con especial relevancia en adolescentes y adultos jóvenes2. En fototipos altos, la HPI puede persistir aun cuando disminuye la hiperqueratosis, prolongando el impacto estético4.

La QP se asocia con frecuencia a antecedentes personales o familiares de dermatitis atópica, lo que sugiere una base común de disfunción de la barrera cutánea. En el marco del abordaje dermocosmético, la clave terapéutica es combinar productos destinados a la restauración de la barrera cutánea con la exfoliación controlada, evitando que la irritación perpetúe el círculo hiperqueratosis-inflamación-pigmentación.

PATOGENIA

La fisiopatología de la QP es multifactorial e integra: alteración de la queratinización folicular con retención de queratina en el infundíbulo, disfunción de la barrera epidérmica con aumento de la pérdida transepidérmica de agua (TEWL; del inglés, transepidermal water loss), susceptibilidad genética, incluyendo mutaciones de la filagrina5, e inflamación perifolicular de bajo grado, responsable del eritema y de la predisposición a la HPI.

Alteración de la queratinización folicular

Histológicamente, se observa hiperqueratosis infundibular con tapones de queratina compacta, dilatación del ostium y, en ocasiones, inflamación perifolicular leve1. Este defecto en la descamación favorece la formación de pápulas foliculares y la textura áspera.

Disfunción de la barrera cutánea

La disminución de lípidos estructurales del estrato córneo (ceramidas, colesterol y ácidos grasos libres) se asocia a mayor TEWL, xerosis y susceptibilidad a irritantes. Esto puede explicar por qué algunos pacientes toleran mal los exfoliantes «fuertes» y por qué la hidratación reparadora debe considerarse un pilar y no un simple complemento.

Papel de la filagrina y atopia

Mutaciones de pérdida de función del gen de la filagrina se han vinculado a fenotipos de atopia y se han descrito en pacientes con QP, reforzando la relación entre el defecto de la función de barrera y la hiperqueratosis folicular5. Desde la dermocosmética, esto se traduce en la necesidad de fórmulas respetuosas, con reparación lipídica y humectantes, así como en la introducción gradual de principios activos.

Inflamación perifolicular y pigmentación

En algunas variantes —especialmente, la QP clásica—, el componente inflamatorio perifolicular es clínicamente evidente. La inflamación, incluso subclínica, puede favorecer la HPI en fototipos altos, donde la melanogénesis es más reactiva ante estímulos inflamatorios4. Por ello, minimizar la irritación y la fricción es parte del tratamiento: la agresión mecánica (rascado, exfoliación física intensa) puede empeorar el eritema y la pigmentación en algunos casos.

TRATAMIENTO

Dado que no existe tratamiento curativo definitivo, el manejo se orienta a suavizar la textura y reducir los tapones foliculares, restaurar y mantener la función de barrera, controlar el eritema y la inflamación, prevenir y tratar la HPI, y mejorar la adherencia mediante pautas simples y bien toleradas.

El abordaje se basa en un esquema por fases de orientación, consolidación y mantenimiento, adaptado a la sensibilidad cutánea, el fototipo, la presencia de atopia y la tolerancia previa a los principios activos1,6 (tablas 1 y 2).



Medidas generales y educación del paciente

La mejoría suele requerir tiempo: de 8 a 12 semanas es cuando los resultados son más objetivos, y el mantenimiento es necesario para sostener los resultados. También es importante saber que la QP fluctúa con el clima frío y la baja humedad, y que las duchas largas y el agua muy caliente empeoran la xerosis1. Se recomienda una higiene suave, evitando la fricción intensa con esponjas ásperas, y secar con toques. En pacientes con ansiedad estética por resultados rápidos, se puede cuantificar su progreso con fotografías seriadas y escalas simples de valoración de textura y eritema para mejorar su adherencia.

Restauración de la barrera: emolientes y humectantes

Los emolientes reducen la TEWL, mejoran la elasticidad y aumentan la tolerancia a los exfoliantes. En la QP, se prefieren fórmulas con humectantes (como glicerina, urea al 5-10% o ácido láctico en rango hidratante), reposición lipídica (ceramidas, colesterol, ácidos grasos, escualano) y calmantes (pantenol, alantoína, bisabolol)1,7. El uso diario —idealmente, una a dos veces al día— es clave. La aplicación inmediata después de la ducha maximiza la hidratación. En pieles muy sensibles, es recomendable comenzar solo con reparación de la barrera durante 1-2 semanas antes de introducir la exfoliación, ya que mejora la tolerabilidad. Además, la elección del vehículo condiciona la tolerancia: las lociones hidroalcohólicas pueden aumentar el escozor en la piel xerótica, mientras que las emulsiones de grasa en agua (O/W; del inglés, oil in water) o los bálsamos con fase lipídica suelen tolerarse mejor. En pacientes con dermatitis atópica concomitante, es preferible evitar fragancias intensas y priorizar fórmulas con bajo potencial irritante, reforzando la barrera cutánea.

Exfoliación física y hábitos

La exfoliación mecánica (guantes ásperos, jabón con partículas…) suele empeorar la inflamación perifolicular y puede inducir hiperpigmentación; por ello, se recomienda evitarla o, si se usa, limitarla a maniobras muy suaves y esporádicas2,4. Del mismo modo, la depilación frecuente con rasurado y tracción como cera y/o arranque, así como la fricción, la ropa ajustada y el rascado pueden agravar el cuadro.

Exfoliación química: queratolíticos clásicos

Los queratolíticos clásicos mejoran la textura, al favorecer la descamación y reducir la cohesión corneocitaria4. Las opciones más empleadas incluyen urea al 10-30%, ácido láctico al 5-12%, ácido glicólico al 5-10% y ácido salicílico al 0,5-2%. La selección depende de la tolerabilidad y del predominio de xerosis (priorizar urea y/o ácido láctico) o hiperqueratosis marcada (considerar ácido glicólico y/o ácido salicílico en pauta prudente ascendente). En la práctica, iniciar en días alternos y escalar según la tolerabilidad reduce el riesgo de irritación y abandono.

Exfoliación de aplicación controlada: peeling pads con alfahidroxiácidos (AHA)/polihidroxiácidos (PHA)

El formato pad o disco impregnado facilita una dosificación uniforme y reduce el riesgo de sobreaplicación. Este formato es especialmente útil en la QP por la necesidad de tratar superficies amplias de forma homogénea, mejorando la adherencia. Las formulaciones suelen combinar:

  • AHA (ácido láctico/ácido glicólico/ácido cítrico), para la renovación del estrato córneo.
  • PHA (gluconolactona/ácido lactobiónico), con acción exfoliante más suave y capacidad humectante, útil en la piel sensible.
  • Agentes calmantes (pantenol/bisabolol), para mitigar el escozor inicial.

Pauta sugerida: iniciar 2-3 noches/semana durante 2-3 semanas; si se tolera bien, aumentar hasta noches alternas2,8. En fototipos altos, se recomienda priorizar los PHA o las combinaciones de baja potencia y evitar el aumento rápido de frecuencia para minimizar el riesgo de HPI.

Ácido shikímico como exfoliante suave de mantenimiento

Se propone como alternativa con perfil de tolerancia favorable frente a los AHA tradicionales9, con exfoliación progresiva y potencial irritación menor. Es especialmente útil como mantenimiento tras la fase de inducción, en pacientes con piel reactiva o atópicos y en zonas de fricción, siempre acompañado de principios activos de reparación de la barrera6.

Retinol y derivados

Los retinoides tópicos cosméticos (retinol y derivados) modulan la diferenciación queratinocítica y aceleran el recambio, ayudando a reducir la hiperqueratosis folicular y a mejorar la uniformidad de la superficie cutánea. Se ha demostrado que, en formulaciones a concentraciones bajas, como el 0,05%, mejora la textura cutánea y disminuye la hiperqueratosis folicular con un perfil de tolerancia adecuado cuando se introduce de forma gradual; suele añadirse soporte antioxidante e hidratante para mejorar la tolerancia. La introducción progresiva del retinol optimiza la eficacia y minimiza la irritación, especialmente, en pieles sensibles o en tratamiento combinado.

Manejo del eritema y piel sensible

Se recomienda priorizar la reparación de la barrera cutánea. Entre los principios activos de interés, se incluyen la nicotinamida o niacinamida (refuerzo de barrera y actividad antiinflamatoria)8, el pantenol, el bisabolol y la alantoína. Estos pueden incorporarse tanto en hidratantes como en la posexfoliación para disminuir el ardor y favorecer la continuidad. En pacientes muy reactivos, puede optarse por pequeñas aplicaciones de exfoliación química con ácido shikímico y/o PHA, manteniendo la aplicación de emolientes diaria.

Hiperpigmentación posinflamatoria

La HPI requiere un enfoque específico, sobre todo, en fototipos altos. Las medidas claves consisten en: minimizar la irritación, insistir en la fotoprotección y emplear principios activos despigmentantes con buen perfil de tolerancia10. El ácido tranexámico tópico se ha utilizado en dermatología como modulador de la pigmentación, por su efecto antiinflamatorio-antimelanogénico4,6. Puede combinarse con nicotinamida, vitamina C o ácido azelaico para apoyar la uniformización del tono. Es importante aclarar que la mejoría pigmentaria suele ser más lenta que la mejoría de la textura y que la prevención (evitar la irritación y la fricción) es tan relevante como el tratamiento.

Ajuste estacional

Muchos pacientes empeoran en invierno por la baja humedad ambiental. Reforzar con emolientes (más densos) y reducir la frecuencia de exfoliación en períodos de brote suele mejorar la tolerancia. En verano, el aumento de la exposición solar en los brazos puede agravar la HPI, por lo que insistir en la fotoprotección y en evitar la irritación es especialmente relevante.

Es importante recordar que siempre debe adaptarse el tratamiento según cada paciente.

CONCLUSIÓN

La QP requiere un enfoque integral, continuado y personalizado. La combinación de reparación de la barrera cutánea (emolientes y lípidos fisiológicos), exfoliación química controlada (AHA/PHA en formatos como pads), exfoliantes suaves de mantenimiento (ácido shikímico), normalización de la diferenciación epidérmica (retinol) y manejo de la HPI (ácido tranexámico y fotoprotección) ofrece una estrategia eficaz y bien tolerada para mejorar la textura, el eritema y la pigmentación. Un esquema por fases, con introducción progresiva de los principios activos y ajuste según la tolerabilidad y el fototipo, optimiza la adherencia y favorece los resultados sostenidos en el cuidado domiciliario.

BIBLIOGRAFÍA

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