Casos clínicos
Isidora Navarro Sáez, Cristina Durán Reyes y Rosario Alarcón Cabrera
10.5538/1887-5181.2026.54.28
Mujer de 58 años con antecedentes de artritis reumatoide, ojo seco, adenoma tubular colónico, espondilolistesis lumbar, hipertensión arterial, dislipidemia, síndrome del túnel carpiano bilateral, edema de Reinke y trastorno de ansiedad, en seguimiento por reumatología, neurocirugía, neurología y dermatología.
Consultó por un cuadro de 15 años de evolución de múltiples lesiones en las manos (fig. 1) y los pies. A la exploración física, se identificaron múltiples pápulas de 2-5 mm hiperqueratósicas de aspecto verrugoso en manos y pies, indoloras a la palpación. Entre sus antecedentes familiares, se encontraba que el padre presentaba lesiones similares. Los valores de su analítica general eran normales. Fue tratada inicialmente con crioterapia, sin buena respuesta, por lo que se realizó biopsia del dedo índice de la mano, que informó de hiperqueratosis ortoqueratósica compacta y elevaciones circunscritas epidérmicas en forma de «chapitel de iglesia», acantosis e hipergranulosis, compatibles con el diagnóstico de acroqueratosis verruciforme de Hopf (fig. 2).


La acroqueratosis verruciforme, descrita por Hopf en 1931, es una genodermatosis poco frecuente, con predominio en varones, caracterizada por alteración de la queratinización en las zonas distales de las extremidades1,2.
Se manifiesta clínicamente como pápulas planas, poligonales, con superficie verrugosa, de color entre parduzco y rosado, de consistencia dura, a veces, difíciles de distinguir de las verrugas planas1; las lesiones se localizan preferentemente en el dorso de las manos y los pies, en la cara dorsal de los brazos y la cara anterior de las piernas. Otras alteraciones asociadas menos frecuentes son la existencia de hoyuelos palmoplantares y alteraciones ungueales3.
La histopatología se caracteriza por elevaciones circunscritas de la epidermis («en chapitel de iglesia»), hiperqueratosis ortoqueratósica, hipergranulosis y acantosis con papilomatosis, sin signos de disqueratosis ni de acantólisis1,4,5.
Entre los diagnósticos diferenciales, se encuentran la enfermedad de Darier, las verrugas vulgares, los esteatocistomas múltiples, el liquen plano hipertrófico y el carcinoma espinocelular3.
El tratamiento de las lesiones puede plantearse con retinoides tópicos, criocirugía o láser de CO2. La criocirugía es una opción terapéutica muy frecuente en la práctica diaria y, según algunos estudios, tiene una gran eficacia, con una tasa de curación del 14 al 90%. Se recomienda realizar dos ciclos de congelación y descongelación para optimizar la respuesta, con una frecuencia cada dos o tres semanas hasta la resolución y, si esta no se produce al cabo de la sexta sesión de crioterapia, deben considerarse otras opciones terapéuticas4.
Como se ilustra en este caso, la acroqueratosis verruciforme de Hopf es una entidad de origen genético muy infrecuente, por lo cual, se deben tener en cuenta los antecedentes familiares y la clínica, que, junto con la histopatología, permiten la confirmación diagnóstica.