Novedades en dermatología
Francisco José Navarro Triviño
10.5538/1887-5181.2026.54.35
El eccema crónico de manos (ECM) es una enfermedad inflamatoria cutánea que afecta a las manos y, ocasionalmente, a las muñecas. Se define como crónico cuando persiste más de tres meses o recurre, al menos, dos veces en un año1. Se trata de una enfermedad frecuente, con una prevalencia anual cercana al 5% y una prevalencia a lo largo de la vida del 14-15%, siendo más de un tercio de los casos moderados o graves2. Afecta con mayor frecuencia a mujeres y a población en edad laboral activa, con un marcado componente ocupacional1.
El ECM engloba subtipos etiológicos (dermatitis de contacto irritativa, dermatitis de contacto alérgica, dermatitis atópica [DA] y dermatitis de contacto proteica), que, con frecuencia, coexisten3. Desde el punto de vista clínico, es una entidad heterogénea, con manifestaciones como eritema, descamación, hiperqueratosis, fisuras o vesiculación, acompañadas de prurito, dolor o escozor.
El impacto del ECM sobre la calidad de vida es relevante. Una proporción significativa de pacientes experimenta vergüenza, estigmatización y limitación en las relaciones sociales4. En el ámbito laboral, el ECM se asocia de forma consistente a dificultad para realizar tareas manuales, pérdida de productividad y bajas laborales. A pesar de recibir tratamiento, una proporción sustancial de pacientes continúa presentando brotes activos y enfermedad moderada o grave, lo que refleja un control insuficiente en la práctica clínica real5.
El diagnóstico debe entenderse como un proceso dinámico. En este contexto, las pruebas epicutáneas siguen siendo una herramienta clave, especialmente, en pacientes con antecedentes ocupacionales o enfermedad refractaria6. Sin embargo, sus limitaciones en la práctica clínica real hacen que el estudio etiológico no deba retrasar el inicio o la intensificación del tratamiento. Diagnóstico y tratamiento deben plantearse de forma paralela.
El manejo terapéutico del ECM se apoya actualmente en guías y consensos, que recomiendan un abordaje escalonado basado en la gravedad clínica, el impacto funcional y la respuesta previa al tratamiento7. Aunque las medidas generales y los corticoides tópicos siguen siendo la base del manejo, sus limitaciones han puesto de manifiesto importantes necesidades no cubiertas, impulsando el desarrollo de nuevas terapias dirigidas en el ECM (tabla 1).

El tratamiento tópico del ECM ha evolucionado más allá de corticoides e inhibidores de la calcineurina, incorporando inhibidores tópicos de JAK (Janus kinase) como terapias dirigidas para un control más específico de la inflamación.
El delgocitinib en crema al 2% (Anzupgo), inhibidor pan-JAK (JAK1, JAK2, JAK3 y TYK2), es el fármaco tópico con mayor nivel de evidencia en el tratamiento del ECM moderado-grave8. Los ensayos clínicos han demostrado una mejoría significativa de la gravedad clínica, evaluada mediante IGA-CHE (Investigator Global Assessment of Chronic Hand Eczema) y HECSI (Hand Eczema Severity Index), frente a vehículo, con una absorción sistémica mínima. De forma consistente, se ha observado una reducción relevante del prurito y dolor, así como una mejora del impacto funcional y de la calidad de vida. Su eficacia en pacientes con respuesta insuficiente o contraindicación a corticoides tópicos cubre una necesidad terapéutica claramente identificada en la práctica clínica. El perfil de seguridad es favorable, con efectos adversos predominantemente leves y locales.
El ruxolitinib en crema al 1,5% (Opzelura), inhibidor selectivo de JAK1/JAK2, cuenta con evidencia especialmente en subtipos no atópicos. En un estudio clínico controlado, se ha demostrado una mejoría significativa de la gravedad clínica, evaluada mediante IGA-CHE, junto con una reducción rápida del prurito y del dolor9. Asimismo, se ha observado una mejora del impacto funcional y de la calidad de vida. El perfil de seguridad es favorable, con buena tolerabilidad local y ausencia de señales de seguridad relevantes.
Datos recientes muestran que el delgocitinib y el ruxolitinib inducen patrones diferenciales de activación e inhibición del transductor de señal y activador de la transcripción (STAT; del inglés, signal transducer and activator of transcription), con efectos distintos sobre programas inflamatorios y de la barrera cutánea, lo que sugiere perfiles funcionales no superponibles dentro de la inhibición tópica de JAK10.
El uso del tratamiento sistémico en el ECM ha estado históricamente condicionado por la falta de alternativas tópicas eficaces. En la actualidad, su papel se redefine dentro de un enfoque de medicina personalizada, especialmente, en pacientes con enfermedad moderada-grave, afectación extensa, lesiones a distancia y/o coexistencia de otras dermatosis inflamatorias, como la DA.
El dupilumab (Dupixent), anticuerpo monoclonal dirigido frente a la subunidad alfa del receptor de la interleucina (IL) IL-4 (IL-4Rα), bloquea la señalización de la IL-4 y la IL-13 y es el agente biológico con mayor experiencia en el ECM. La evidencia procedente de ensayos clínicos y de estudios de vida real muestra una mejoría significativa de los signos clínicos, del prurito y del impacto en la calidad de vida, tanto en pacientes con asociación de DA como sin ella11. Presenta un perfil de seguridad favorable y bien establecido.
El tralokinumab (Adtralza) es un anticuerpo monoclonal dirigido de forma específica frente a la IL-13. Los datos actuales muestran mejoría clínica y sintomática en pacientes con ECM. Su mecanismo de acción selectivo asocia un perfil de seguridad favorable. Una publicación reciente con seguimiento prolongado sugiere una respuesta sostenida incluso en ECM no atópico12. Los resultados del ensayo ADHAND (NCT05958407) están actualmente pendientes de publicación.
Los inhibidores de JAK orales abrocitinib (Cibinqo), upadacitinib (Rinvoq) y baricitinib (Olumiant) se han utilizado en el ECM13. Aunque el conocimiento sobre su perfil de seguridad continúa ampliándose, este, junto con las necesidades de monitorización, sigue siendo un aspecto para considerar en la práctica clínica.
El roflumilast oral (Daxas), inhibidor de la fosfodiesterasa 4, se ha explorado como alternativa sistémica en casos seleccionados. La evidencia procede de series clínicas, especialmente, en formas hiperqueratósicas y psoriasiformes14. Su uso está condicionado por problemas de tolerabilidad gastrointestinal e insomnio. El desarrollo de roflumilast tópico abre una posible vía terapéutica futura en el ECM.
En conclusión, el ECM ha entrado en una nueva etapa terapéutica. La consolidación de terapias tópicas dirigidas eficaces, junto con la ampliación de las opciones sistémicas, permite hoy un abordaje más precoz, preciso y personalizado. Aunque sigue habiendo necesidades no cubiertas, el escenario actual ofrece razones fundadas para el optimismo y una mejora real en el manejo y la calidad de vida de nuestros pacientes.