Novedades en dermatología
Cristina Serrano Falcón y Rubén del Río Gil
10.5538/1887-5181.2026.55.43
El efluvio telógeno (ET) constituye una de las consultas más frecuentes en tricología y el trastorno capilar más común visto por el dermatólogo.
Se manifiesta como una caída capilar difusa, no cicatricial, que afecta de forma predominante a mujeres de mediana edad. Fisiopatológicamente, el ET se caracteriza por una transición prematura y sincrónica de una proporción anómala de folículos pilosos desde la fase de crecimiento activa (anágena) hacia la fase de reposo y posterior desprendimiento (telógena). Este fenómeno metabólico, endocrino o sistémico altera la homeostasis del folículo, una estructura de altísima demanda energética y proliferativa. Entre los reguladores cruciales de este ciclo, el hierro desempeña un papel fundamental como cofactor en la síntesis de ácido desoxirribonucleico (ADN), el metabolismo mitocondrial y la oxigenación folicular1.
Pueden desencadenar un ET las infecciones, las cirugías, los traumatismos, enfermedades sistémicas agudas y crónicas, fluctuaciones o trastornos hormonales, el posparto, el estrés fisiológico y metabólico (fue especialmente frecuente tras la enfermedad por coronavirus de 2019 [COVID-19; del inglés, coronavirus disease 2019]), los déficits vitamínicos y de nutrientes o la deficiencia de determinados oligoelementos como el hierro, que es la carencia nutricional más común en el mundo.
La ferropenia, incluso en ausencia de anemia, se ha identificado como un factor precipitante clave que desplaza el ciclo capilar, induciendo una pérdida neta de densidad y, en casos persistentes, la miniaturización del tallo. No obstante, existe un debate en la literatura sobre los umbrales de ferritina necesarios para el mantenimiento del metabolismo folicular. Mientras que los rangos analíticos convencionales consideran la normalidad a partir de 15 ng/mL, el consenso dermatológico actual sugiere que los niveles inferiores a 40-70 ng/mL son insuficientes para cubrir las necesidades del folículo piloso2-5.
El manejo terapéutico tradicional mediante sales de hierro oral presenta limitaciones críticas debido a su absorción errática y a la elevada incidencia de efectos adversos gastrointestinales, lo que deriva en una falta de respuesta terapéutica y en una baja adherencia al tratamiento6-8.
Esta revisión se centra en el análisis de los factores de riesgo que llevan al ET y en el papel que desempeñan en él los aminoácidos y las vitaminas, en concreto, la biotina y la cistina y las sales de hierro, donde prestamos especial atención al reciente estudio clínico que valora la eficacia y la tolerabilidad de una sal liposomada de hierro junto a la l-cistina y la biotina del preparado GV-350.
Gowda et al. realizaron un estudio transversal con 100 participantes adultos (62 mujeres y 38 hombres) que presentaban pérdida capilar difusa (>100 cabellos/día). Los resultados revelaron una prevalencia alarmante de deficiencias: en pacientes con ET, la deficiencia de histidina alcanzó el 77,78%; la de leucina, el 98,15%; y la de valina, el 70,37%. Respecto al perfil férrico, los pacientes con ET mostraron niveles significativamente más bajos de ferritina (40,74%) y saturación de transferrina (55,56%) en comparación con otros tipos de alopecia, especialmente, en el subgrupo femenino. Este estudio subraya que las carencias nutricionales son un problema común en pacientes con alopecia, independientemente del subtipo clínico, lo que justifica la necesidad de un cribado analítico sistemático9.
Por su parte, Deloche et al. aportaron una evidencia epidemiológica masiva a través del estudio de la cohorte SU.VI.MAX en Francia. Analizaron a 5110 mujeres de entre 35 y 60 años mediante un cuestionario estandarizado de autopercepción de pérdida capilar y una prueba de ferritina sérica. El análisis multivariante clasificó a la muestra en: ausencia de caída (43%), caída moderada (48%) y caída excesiva (9%). Los resultados demostraron que una mayor proporción de mujeres con caída excesiva presentaba depósitos de hierro bajos (<40 µg/L) en comparación con el resto de la población (el 59% frente al 48%; nivel de significación estadística [p] = 0,01)1.
A pesar de la asociación establecida, la causalidad directa entre la ferropenia y el ET ha sido objeto de controversia. Olsen et al. llevaron a cabo un estudio controlado para determinar si la deficiencia de hierro era realmente más frecuente en mujeres con alopecia que en la población sana. Se analizaron 381 mujeres blancas con diagnóstico de alopecia androgénica femenina (FPHL; del inglés, female pattern hair loss) o ET crónico (CTE; del inglés, chronic telogen effluvium) y se compararon con 76 mujeres del grupo de control sanas sin pérdida capilar. Utilizando diferentes definiciones de ferropenia (≤15, ≤40 y ≤70 µg/L), los investigadores no hallaron diferencias significativas entre grupos. Por ejemplo, con un umbral de ≤40 µg/L, la prevalencia fue del 58,8% en la FPHL, del 63,8% en el CTE y del 72,3% en las mujeres del grupo de control premenopáusicas. El estudio concluyó que, si bien la deficiencia de hierro es extremadamente común en mujeres, no parece estar aumentada específicamente en aquellas con pérdida capilar en comparación con la población general. No obstante, los autores reconocen que la corrección de estos depósitos podría tener un efecto beneficioso en el crecimiento capilar que aún requiere validación mediante ensayos aleatorizados10.
Más allá del hierro, otros componentes son esenciales para la integridad del tallo piloso. La biotina actúa como coenzima para cinco carboxilasas esenciales involucradas en el metabolismo de ácidos grasos y aminoácidos y en la gluconeogénesis, y es crucial para la estabilidad genómica mediante la biotinilación de histonas. Los síntomas de su deficiencia incluyen, de forma característica, dermatitis y alopecia. Factores como el tabaquismo, el embarazo o el tratamiento con fármacos anticonvulsivos pueden acelerar su catabolismo, induciendo deficiencias marginales que repercuten en la proliferación del bulbo piloso11.
Complementariamente, los aminoácidos azufrados como la l-cistina proporcionan los puentes disulfuro necesarios para la síntesis estructural de la queratina, mejorando la resiliencia de la fibra. Morganti et al. investigaron la influencia de la suplementación oral con gelatina-cistina en un estudio aleatorizado doble ciego con 48 voluntarios (24 hombres y 24 mujeres) afectados por alopecia androgénica. Analizaron la masa capilar, el número de pelos y los niveles de especies reactivas del oxígeno (ROS; del inglés, reactive oxygen species) durante 50 semanas. Los resultados mostraron que la suplementación no solo indujo un incremento adicional del 50% en el crecimiento capilar respecto al placebo, sino que redujo significativamente el estrés oxidativo sistémico, demostrando la importancia de los nutrientes precursores de la queratina en la salud capilar12.
Un reciente estudio ha valorado los efectos del suplemento con cistina en el desarrollo de los folículos pilosos en conejos. Liu et al. comprobaron que, añadiendo un 0,2% de cistina a la dieta del conejo rex, se produce un efecto modulador del desarrollo del folículo piloso a través de la activación de las vías de señalización Wnt, promoviendo la proliferación de las células de la papila dérmica y aumentando la densidad pilosa13.
Como apunta Olsen, el diagnóstico del ET a menudo se solapa con el de la FPHL, siendo el laboratorio una herramienta indispensable para descartar causas sistémicas14. Mientras que la FPHL suele presentar un patrón de «árbol de Navidad» con preservación de la línea frontal, el ET es global y difuso. Es imperativo diferenciar un ET agudo (resolución en <6 meses) de uno crónico, donde factores nutricionales como la ferropenia persistente desempeñan un papel central. En casos de ET recalcitrante, la evaluación no debe limitarse al hierro, sino que es necesario considerar la vitamina D y el estado de los aminoácidos, dada la alta prevalencia de estas carencias documentada por Gowda et al.9.
En este contexto de necesidad de suplementación eficaz y tolerable, el estudio de Blanco De Tord et al. evaluó la eficacia del compuesto GV-350. Se diseñó un estudio clínico de fase III, prospectivo y abierto, en seis centros dermatológicos de España, que incluyó a 20 mujeres (media de edad: 43,1 años) con ET y niveles de ferritina entre 5 y 40 ng/mL. El protocolo consistió en la toma diaria de dos cápsulas de GV-350 (30 mg de hierro liposomado, 500 mg de l-cistina y 250 µg de biotina) en ayunas durante tres meses15.
Tras los 90 días de intervención, se observó una mejora muy significativa en el metabolismo del hierro:
La respuesta clínica fue igualmente notable. La calidad de vida, medida por el cuestionario HSS-29 (Hair Specific Skindex-29), mostró una reducción del 53% en el impacto global de la patología, pasando de un grado de afectación «leve» a «ausente». En términos objetivos, el fototricograma evidenció un aumento del 11,9% en la densidad capilar y del 18% en el recuento de pelos terminales. El análisis fotográfico digital confirmó un incremento del 7,1% en la superficie cubierta por cabello (p = 0,0025)15.
Un factor determinante para el éxito del tratamiento es la adherencia, la cual, como ya hemos apuntado, suele ser deficiente con las sales de hierro convencionales debido a su intolerancia gástrica (náuseas, estreñimiento, dolor abdominal). La tecnología del complejo liposomado contenido en GV-350 utiliza una encapsulación liposomal que evita el contacto directo del hierro con la mucosa, mejorando drásticamente la tolerabilidad y la biodisponibilidad15.
En el estudio, la seguridad fue excelente: no se registraron acontecimientos adversos relacionados con la medicación. La percepción de eficacia y tolerabilidad fue calificada como «buena» por el 100% de los investigadores y el 95% de las pacientes. Esta buena tolerancia permitió una adherencia superior al 80% en toda la muestra, factor clave para completar la transición del folículo hacia la fase anágena15.
En las pacientes con ET y ferropenia, el dermatólogo especialista debe identificar y monitorizar los niveles de ferritina sérica, estableciendo como objetivo terapéutico alcanzar umbrales superiores a 40 ng/mL para garantizar la estabilidad del ciclo folicular.
La evidencia científica acumulada —y, específicamente, los resultados del estudio realizado con el compuesto GV-350— señalan la importancia de asegurar una adecuada absorción del hierro y su tolerabilidad incluso ingerido en ayunas en las pacientes afectadas de ET y ferropenia.
La innovadora formulación del GV-350 con hierro liposomado soluciona el conflicto clínico entre la necesidad de absorción en ayunas y la intolerancia digestiva, logrando no solo una normalización de los depósitos férricos en tres meses, sino también una recuperación clínica objetiva de la densidad capilar y una mejora sustancial en la calidad de vida de las pacientes. El GV-350 se ha mostrado como una opción de primera línea en el tratamiento del ET asociado a depósitos férricos subóptimos.