N.º 54  Abril / Junio 2026


Artículo de revisión



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Impacto oftalmológico de la dermatitis atópica y de sus terapias

Luis Roca Navarro y Manuel Caro Magdaleno

10.5538/1887-5181.2026.54.15



RESUMEN

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria cutánea crónica asociada a prurito intenso. Sin embargo, no debe considerarse una enfermedad estrictamente dermatológica, ya que existen múltiples trastornos concomitantes a nivel oftalmológico, como pueden ser la queratoconjuntivitis atópica o el queratocono. A esto se suma que muchos de los fármacos que se utilizan para su tratamiento, como los corticoides o el dupilumab, pueden asociar efectos secundarios oculares. Por ello, es fundamental conocer el manejo básico de estos pacientes y saber cuándo estaría indicado remitirlos al oftalmólogo.

INTRODUCCIÓN

La dermatitis atópica (DA) es un proceso inflamatorio cutáneo, crónico y con brotes recidivantes muy frecuente en nuestro medio, que se caracteriza por prurito intenso, xerosis y lesiones cutáneas eccematosas. A menudo, se asocia a otras enfermedades atópicas como el asma y la rinitis alérgica.

Predomina en niños y adolescentes, con una prevalencia aproximada del 20% de los niños y del 2-5% de los adultos de la población general1.

Supone una de las diez causas de consulta más frecuentes en dermatología, y actualmente, estamos apreciando una tendencia ascendente en la prevalencia de esta enfermedad1.

Para aliviar el prurito y controlar la inflamación asociada, disponemos de un amplio abanico de tratamientos tópicos y sistémicos1.

COMORBILIDAD OFTALMOLÓGICA DE LA DERMATITIS ATÓPICA

Aunque la DA se manifiesta inicialmente en la piel, los pacientes con esta patología presentan un riesgo mayor de desarrollar alteraciones oculares. La presencia de afectación ocular es, por sí misma, un signo común de una DA grave y crónica2.

Blefaritis

Es la inflamación del borde palpebral y constituye un hallazgo muy frecuente, observándose en, aproximadamente, el 22% de pacientes con DA3. La etiología de este tipo de blefaritis es habitualmente estafilocócica y podría estar provocada por una respuesta celular inmunitaria aberrante frente a los componentes de la pared celular de Staphylococcus aureus, lo cual puede ser también responsable del enrojecimiento ocular y los infiltrados corneales periféricos que se ven en algunos pacientes. Este tipo de blefaritis es más frecuente e intenso en pacientes con DA que en la población general. Es común que se observe el borde palpebral eritematoso, asociado a escamas duras y costras alrededor de las pestañas en forma de «collaretes» y que el paciente refiera síntomas de inestabilidad de la película lagrimal (sensación de cuerpo extraño, escozor, lagrimeo…). La blefaritis es un proceso crónico, pero puede controlarse con higiene palpebral, lágrimas artificiales, pomadas antibióticas y/o corticoides tópicos4.

Queratoconjuntivitis atópica

Es una afectación inflamatoria conjuntival y corneal bilateral, intensa y persistente, que aparece de forma típica entre los 20 y los 40 años con DA de larga evolución, con una incidencia del 25 al 40%5. El prurito ocular es el síntoma distintivo, que suele acompañarse de secreción acuosa, blefaritis, eccema palpebral, hiperemia conjuntival, quemosis (edema conjuntival) y reacción tarsal papilar. Sin embargo, tiene potenciales repercusiones visuales graves, ya que, en ocasiones, puede derivar, entre otras complicaciones, en queratocono secundario al frotamiento crónico de los ojos, en simbléfaron (adherencias cicatriciales entre la conjuntiva bulbar y tarsal) y en defectos corneales asociados a lesiones cicatriciales y neovascularización periférica (fig. 1). El tratamiento consiste en pautas intensas de corticoides a nivel local sin conservantes (desonida, hidrocortisona, dexametasona) en pauta descendente, asociado o no a tratamiento a nivel sistémico, que se complementa con colirios antihistamínicos sin conservantes (ketotifeno, azelastina) dos veces al día e inmunomoduladores tópicos (ciclosporina, tacrólimus)4,5.


Queratocono

Consiste en un adelgazamiento y abombamiento progresivo de la córnea en forma de cono (fig. 2). Los pacientes con DA tienen diez veces más probabilidades de desarrollarlo que la población general, afectando, aproximadamente, al 1% de ellos. Se manifiesta con visión borrosa debido al elevado astigmatismo —normalmente, irregular— que se genera. Parece ser que el factor clave para el desarrollo del queratocono es el traumatismo mecánico por el rascado ocular de forma habitual. En consulta, un signo muy característico consiste en observar una protuberancia en el párpado inferior en forma de «V» cuando el paciente mira hacia abajo (signo de Munson). El tratamiento depende del estadio: lentes de contacto rígidas, segmentos de anillo corneales, cross-linking corneal, o trasplante corneal lamelar anterior o penetrante3,4.


Catarata

Alrededor del 10% de los pacientes con DA grave desarrollan cataratas de forma prematura entre la segunda y la cuarta décadas de la vida. Dichas cataratas, a menudo, son bilaterales y pueden madurar rápidamente. Es típica la presencia de una densa placa subcapsular anterior en forma de «escudo». El tratamiento es quirúrgico4.

Desprendimiento de retina

Los pacientes con DA tienen un riesgo mayor de desprendimiento de retina (DR) espontáneo, que suele ocurrir en la segunda o tercera décadas de la vida3. El paciente puede referir un aumento reciente de manchas flotantes, destellos de luz o la sensación de una «cortina» cayendo sobre el campo visual. Se cree que el traumatismo mecánico por el rascado constante es lo que genera desgarros en la retina. El tratamiento es quirúrgico4.

Glaucoma

Generalmente, se asocia al aumento de la presión intraocular (PIO) inducido por el uso de corticosteroides en pacientes corticorrespondedores, que provoca un daño irreversible en el nervio óptico. También se ha propuesto la existencia de un glaucoma atópico intrínseco a la DA. Se trata habitualmente con colirios hipotensores3.

Enfermedad ocular herpética

Los pacientes con DA tienen un riesgo cuatro veces mayor de herpes ocular. Esto se debe a la disfunción de la inmunidad celular y al compromiso de la barrera cutánea. La presencia de herpes corneal bilateral es un fuerte indicador clínico de que el paciente es atópico. Ante la aparición de ojo rojo doloroso y/o de vesículas en el área palpebral o nasal, se debe remitir al oftalmólogo de guardia para valoración y tratamiento3,6.

EFECTOS ADVERSOS DE LAS TERAPIAS DE LA DERMATITIS ATÓPICA

Aunque los tratamientos para la DA son fundamentales para el control de la inflamación cutánea, pueden presentar efectos secundarios oculares, que varían desde irritaciones leves hasta el riesgo de pérdida permanente de la visión.

Corticoides

El uso prolongado de corticosteroides, independientemente de su forma de administración, se asocia a:

  • Hipertensión ocular: la elevación de la PIO puede ocurrir pocas semanas después de iniciar el tratamiento y, si no se controla, puede derivar en glaucoma, provocando una pérdida de visión irreversible por daño en el nervio óptico7.
  • Cataratas: suelen ser de tipo subcapsular posterior y bilaterales, a diferencia de las cataratas propias de la DA, que suelen ser anteriores7.
  • Coriorretinopatía serosa central: debido a la exudación desde la capa coriocapilar a nivel macular, el paciente notará visión central borrosa o distorsionada, aunque, generalmente, se resuelve tras suspender los corticoides7.
Biológicos inmunomoduladores

Aunque el dupilumab (anticuerpo monoclonal contra las interleucinas IL-4 e IL-13) ha revolucionado el manejo de la DA moderada-grave, asocia el doble de riesgo de conjuntivitis en pacientes con DA comparado con aquellos pacientes tratados con dupilumab para otras enfermedades. La incidencia oscila entre el 9 y el 28%, manifestándose, predominantemente, como blefaroconjuntivitis o conjuntivitis folicular-papilar de intensidad leve o moderada (fig. 3)7. Con menor frecuencia, se han comunicado casos de queratitis y sequedad ocular.


Otros fármacos anti-IL-13, como el tralokinumab y el lebrikizumab, presentan también riesgo de alteraciones de la superficie ocular, pero en menor proporción que el dupilumab8.

Aunque la blefaroconjuntivitis es común en la DA tratada con dupilumab, los síntomas de superficie ocular suelen ser leves y pueden ser gestionados por el médico de familia o por el dermatólogo mediante un tratamiento conservador basado en higiene palpebral, lágrimas artificiales y/o colirios antihistamínicos/corticoides. Por lo tanto, no se requiere un seguimiento oftalmológico de rutina para todos estos pacientes. Sin embargo, a veces, el dupilumab puede inducir alteraciones oculares refractarias al tratamiento o de mayor gravedad, por lo que se recomienda:

  • Derivación ordinaria: si estamos ante un caso leve-moderado con sintomatología ocular persistente que no se logra controlar tras cuatro semanas de tratamiento con lágrimas artificiales con ácido hialurónico de alto peso molecular sin conservantes, tres o cuatro veces al día, y con antihistamínicos tópicos sin conservantes (ketotifeno, azelastina), dos veces al día8.
  • Derivación urgente: si se observan signos de gravedad, como la presencia de ojo rojo asociado a pérdida de agudeza visual, dolor ocular intenso, fotofobia o signos de daño corneal8.
Inhibidores de JAK

En comparación con el dupilumab, el perfil de seguridad ocular del upadacitinib (inhibidor de JAK1) presenta una incidencia significativamente mucho menor de conjuntivitis, descrita en menos del 3% de los pacientes. Por eso, en muchas ocasiones, se puede considerar un cambio desde dupilumab a este tipo de fármacos cuando se observan alteraciones de superficie ocular muy sintomáticas y refractarias al tratamiento conservador9.

Tacrólimus (vía oral)

Se han documentado algunos casos excepcionales de neuropatía óptica tóxica. Debido a la potencial irreversibilidad de la pérdida de agudeza visual, se requiere una monitorización oftalmológica estrecha ante cualquier alteración en la función visual10.

Fototerapia

La fototerapia (con radiación ultravioleta B [UVB] o con psoralenos y radiación ultravioleta A [PUVA]) puede causar daños oculares si no se utiliza la protección adecuada, provocando conjuntivitis y queratitis actínica a corto plazo, y contribuir a la formación de cataratas corticales a largo plazo7.

CONCLUSIONES

  • La importante comorbilidad ocular de la DA (blefaritis, queratoconjuntivitis atópica, cataratas, DR, enfermedad corneal herpética…) y los efectos secundarios de su tratamiento (blefaroconjuntivitis, queratitis, hipertensión ocular…) sugieren la necesidad de que los profesionales sanitarios pregunten de forma proactiva sobre la existencia de sintomatología ocular.
  • Las alteraciones de la superficie ocular representan la complicación más frecuente. En primera instancia, pueden ser manejadas de forma conservadora por el dermatólogo o el médico de familia, reservando la derivación al oftalmólogo para casos graves o refractarios al tratamiento inicial.
  • Es fundamental indicar al paciente que evite el rascado ocular y que esté atento ante posibles signos de alarma (ojo rojo asociado a dolor, pérdida de visión o fotofobia) para considerar entonces una derivación urgente al servicio de oftalmología.
  • La DA no debe considerarse una patología exclusivamente cutánea. Es necesario el trabajo multidisciplinario para asegurar el control integral del paciente y lograr, así, un impacto positivo en su calidad de vida.

BIBLIOGRAFÍA

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